La paloma blanca

«La paloma blanca» es una fábula de Felipe Jacinto Sala (fallecido en 1895), en dominio público. Tiene 531 palabras: unos 4 minutos de lectura en voz alta.

Obra: Nuevas fábulas :

Se rompieron las fuentes del abismo;abrió el cielo sus anchas cataratas;anegó el mundo universal diluvioque cubría los montes con sus aguas;y por olas y vientos combatidaflotaba triste el arca de alianza.Y corrían los días y las noches,y las iras de Dios no se aplacaban,y el mensajero Cuervo no volvía,y no volvía la Paloma blanca.Cuando en todos cundía el desaliento,y hondo terror los pechos embargaba,dijo Noé: -«Calmaos, hijos míos,»y abrid el corazón a la esperanza;»el Señor ofreciome su clemencia,»y Él pondrá a salvo nuestra frágil tabla.»-Y la santa promesa fue cumplida.Un día, en que la luz ya declinaba,la Paloma tornó. Cuando en el étersobre las nubes, se agitaba rauda,con grato asombro vieron que en su picoverde ramo de oliva sustentaba.Y era aquel ramo, signo de ventura,nuncio de paz, presagio de bonanza;y era aquella ave de nevada pluma,de noble aliento y poderosas alas,la Caridad de Dios, que, bienhechora,venía a consolar la raza humana.

Y se abrieron los senos de la tierra,y las torres caían desplomadas,y se hundían los muros y los templosy cimbraron cual juncos las montañas,y en los rotos escombros perecíanjunto al hijo la madre desolada;y era fosa del pobre su guardilla,panteón del rico su dorado alcázar.¡Qué espantosa hecatombe, Dios eterno!¡Qué otro diluvio universal de lágrimas!!¡Ay! pobres hijos del Genil y el Darro,y los del Guadaljorce, ¿en dónde paranvuestro lecho y hogar? Y ¿qué se hicierontanta flor, tanto jaspe y tantas galas?En páramos desiertos se trocaronvuestras hermosas vegas dilatadas;y en tristes cementerios los jardinesque las brisas ayer embalsamaban.Insepultos, tal vez, yacen los seresque encendían de amor vuestras entrañas,y al ir a orar por ellos ¡infelices!ni halláis en pie las sacrosantas aras.¡Qué de orfandad y luto en torno vuestro!¡Ay, pobres hijos de mi dulce patria;los que pisáis tan movediza tierra;los que flotáis aún en frágil tabla;los que, acosados de miseria y frío,tanta pena lleváis dentro del alma:razón tenéis en implorar clemencia,y razón en llorar tantas desgracias!Mas no desfallezcáis, hermanos míos;abrid el corazón a la esperanza;ya Dios sus iras aplacó benigno,y se extingue el fragor de la borrasca.¿Veis, entre nubes de zafir y oro,alba visión, de estrellas coronada,que desciende veloz del alto empíreo?Es la avecilla que se acerca al arca;es la divina Caridad, que vienepara daros calor bajo sus alas;es el ángel que abriga al desvalido,que cariñoso la orfandad ampara,que la viudez protege, y que consuelaal cuerpo, al espíritu y al alma.Saludadla, a su paso, moradoresde esas bellas regiones desdichadas;ella gozosa os trae el verde ramo,que es venturoso signo de bonanza;ella en los anchos pliegues de su manto,para vosotros, amorosa guardael socorro de Dios y de los hombres...¡Bendita sea la Paloma blanca!

Óbolo humilde, que besé piadoso,vuele a vosotros esta tosca fábula;la saturó de amor el pecho mío;está escrita con lágrimas del alma.

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