La hoja de encina

«La hoja de encina» es una fábula de Felipe Jacinto Sala (fallecido en 1895), en dominio público. Tiene 315 palabras: unos 2 minutos de lectura en voz alta.

Obra: Nuevas fábulas

Un mercader honradotornaba alegre de lejanos climascargado de riquezasy ansioso de abrazar a su familia,Cuando de noche, y al cruzar un valle,que a sus amados lares conducía,asaltole un ladrón, que estaba ocultotras una añosa encina.En vano aquél, al verse despojadode todo el oro que llevaba encima,imploróle con lágrimas, que al menosle dejara con vida;insensible el traidor a sus lamentos,le hundió en el corazón mortal cuchilla,diciéndole: -«Jamás; si tú vivieras,»quizás me acusarías:»matándote, mi crimen se sepulta»en el misterio de la noche umbría.»--«Miserable; te engañas -el viajerocon exánime voz clamó en seguida;-»sobre nuestras cabezas vela siempre»la Suprema Justicia;»si no hay humanas lenguas que te acusen,»lenguas serán las hojas de esa encina.»-

Pasaron muchos añosde inútiles pesquisas,y el matador, gozando en tierra extrañael fruto criminal de su codicia,segura, como nunca,su libertad creía;cuando un día de otoño en que se hallabatranquilo en la campiña,apurando, con otros compañeros,vasos de leche rica,el rudo cierzo, que desnuda el pradode sus galas floridas,en raudos remolinos, de la tierraalzó una hoja de encina,y la arrojó a la copaque tenía en la mano el homicida.El insensato, entonces, palidece;su cabello se eriza;cree escuchar el árbol que le acusa;ve la espumosa leche en sangre tinta,y prorrumpiendo en lastimeros gritosque su culpa le dictaen medio de las gentes que le cercansu delito publica.Preso y con grillos,los justos jueces su sentencia firman;y el vengador cadalso, al fin, aplacalos irritados manes de la víctima.

No importa que se esconda el negro crimen;sus huellas son malditas;si no hay un solo ser que lo delatela Divina Justiciapresentará a los ojos del culpablela acusadora hoja de la encina.

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